Algunas fotografías te hieren, te tocan el alma. Barthes empleaba el verbo punzar. Clavan en ti un instante que ya no será, que quizá no recordabas y que regresa para revivir aquella sensación, aquel rostro, la mano que en la imagen se aferra a la tuya, puede que con amor incluso. Las fotografías dan forma a esa memoria con agujeros por los que se escapan los detalles.
Miro la fotografía, o sería más acertado decir que la niña de la fotografía me observa y me detiene. Entonces debo asomarme al mapa que la memoria ha dibujado para traer esos ojos, para amarlos.
En la imagen otra niña que confía en mí, está a mi lado. Una se pregunta cuándo se separan los caminos en el tiempo y en qué momento exactamente esa niña deja de confiar en su hermana y se aleja a buscar otro espacio.
Sería difícil volver a reproducir una imagen así. Ese es el dolor.